Este Blog ha nacido para dejar volar la imaginación, y al igual que las mariposas, anuncian su presencia con el aleteo de las alas, espero de vez en cuando volar para encontrar historias que contar.

3 de septiembre de 2013

EL LOBATO 2ª PARTE



EL LOBATO 2ª PARTE
María Calzada
Manuel Pablos

Se despertó sobresaltado por los gritos del padre y los ladridos lastimeros de Lobato. Era una fresca mañana de abril y el sol todavía no había asomado por el horizonte…
-¡Te mato, cabrón, perro de mierda… tres conejos, me ha desgraciao tres conejos!
Salió corriendo hasta el corral en pijama. La madre y los hermanos llegaron al mismo tiempo. El padre tenía un palo de fresno en la mano, había acorralado al lobato en un rincón y le estaba dando una somanta de palos mientras le gritaba, totalmente descontrolado, frases incoherentes…”Encima que no vale pa na, ni pa cazar, ni pa cuidar la casa, na más pa comer, hoy le ha dao la vasca y ha matao tres conejos”.
Y continuaba dándole palos, totalmente fuera de sí, mientras el perro, acorralado entre la pared del corral y la vara del padre, trataba de escapar por donde fuera, aullando lastimeramente. El niño corrió a interponerse entre el padre y el asustado animal y a punto estuvo de recibir un palo en la cabeza. Solo el grito  desgarrador de la madre evitó en el último momento que el palo cayera sobre el niño, porque el padre había perdido el control y ya no razonaba.
- ¡Criminal, que eres un criminal!, gritó el niño enfrentándose con el padre. ¿Por qué le pegas así?
La bofetada del padre sonó como un trallazo en la cara del niño. La madre se lanzó corriendo a sujetar al marido, mientras el niño se acurrucó en el rincón de la tenada, llorando amargamente.
-¡Si me vuelves a levantar la voz te despellejo vivo, mocoso!¿ Pero quién te has creído que eres para insultar a tu padre? ¡Métete pa casa, que no respondo, so mierda!
La madre agarró al niño de la mano y se lo llevó a la cocina, mientras le decía en voz alta para que el padre lo oyera. “A tu padre no se le levanta la voz, ni se le chita, cuanto más para llamarlo criminal. Prepárate para el castigo, cuando entre. Vas a estar por lo menos una semana sin salir a jugar. Pues no faltaría más que un mocosuelo como tú insulte a su padre”. Mientras tanto acariciaba la cabeza del niño, fuera de la mirada del padre, al tiempo que  por lo bajo le susurraba:”Métete en la cama y no chites. Y no te levantes hasta que yo no te llame para ir a la escuela”.
 El perro aprovechó el momento de desconcierto para saltar la tapia y salir como alma que persigue el diablo, por la calle abajo, sin detenerse a mirar para atrás, hasta que se perdió entre las casas del pueblo.
-¡Hoy mismo lo cuelgo, este no me hace ninguna más!, decía el padre enfurecido, mientras remataba los conejos heridos por el Lobato, dándoles con el canto de la mano abierta detrás de las orejas, para desnucarlos. Los conejos tenían un último estremecimiento, luego estiraban las patas, dejaban caer las orejas y miraban, ya sin ver, con sus ojos muy abiertos la tierra que había bajo sus cabezas.
Los gallos y las gallinas corrían como paranoicos por el corral huyendo del padre, montando un escándalo descomunal de cacareos, mientras que dos o tres vecinos entraron asustados por el griterío para ver qué es lo que había pasado.
-¡Pues ná,decía el padre, que el cabrón del perro ha saltado esta noche la tapia de la conejera y ya veis,dos gazapos y una coneja muertos. Y todavía suerte que los otros han tenido tiempo de meterse en las huras, que si no me mata la mitad. Encima que no vale ni pa cazar ni pa na que no sea espantar las liebres…Cuando lo llevo de caza y pego el tiro, sale ladrando y corriendo en el sentido contrario, en vez de perseguir la pieza y, algunas veces, se me viene pa casa, muerto de miedo. ¡Hoy mismo lo cuelgo. Menuda ganga me metió “el Posible”, mal rayo lo parta.Ahora que de hoy no pasa, eso os lo aseguro yo, hoy mismo lo cuelgo por el pescuezo en la alameda de la fuente” !
El niño no pudo pegar los ojos. Cuando la madre lo llamó para ir a la escuela el padre ya no estaba y del perro no había ni rastro. Desayunó sin ganas, agarró el cabás y bajó la cuesta camino de la escuela. En la plaza estaba Meli jugando a la cuerda con otro grupo de niñas, mientras cantaban la canción de moda de la época : “Han puesto una librería/ con los libros muy baratos/con los libros muy baratos/Con un letrero que dice/viva Carmencita Franco/viva Carmencita Franco….”
 Se acercó a ellas y la llamó. Las demás niñas los miraron maliciosamente mientras cuchicheaban entre ellas.
- Hoy el padre casi mata al Lobato de una paliza, le dijo con los ojos llenos de lágrimas. Lo va a colgar en la alameda esta mañana, porque ha matado tres conejos en el corral.
-¡Jolines!, dijo Meli sorprendida. ¿ Qué te ha pasado en la cara, que la tienes roja como un tomate?
-Que el padre me ha pegado una bofetada, porque lo he llamado criminal…
-¿Por qué?
- Porque le ha pegado una paliza al Lobato y casi lo mata. Yo fui a defenderlo y lo llamé criminal. Entonces me sacudió.
_¡Que bruto es tu padre, majo!¿Y tu madre que ha dicho?
-Pues nada, que a un padre no se le pueden decir esas cosas. Pero no estaba muy enfadada. Lo dijo para que el padre lo oyera y luego me metió en la cama, para que no me pegara más. Es que estaba furioso.
-¡No podemos dejar que lo cuelgue, lo tenemos que encontrar antes que lo encuentre él y esconderlo!
-¡Ya, pero vete a saber dónde anda! Además, tenemos que ir a la escuela.
- Bueno, pues a la hora del recreo nos escapamos un momento y miramos por el pueblo a ver si lo vemos.
- ¿ Y luego que hacemos con él?
- Ya pensaremos algo. Me voy, que ya está ahí la maestra.
- Vale, pues luego hablamos, a la hora del recreo.
  No existe piedra más dura que el alma de los hombres, cuando el razonamiento desparece y el odio pasa a inundar los espacios vacíos que este deja .Es entonces cuando  el hombre se cree un dios, dueño absoluto de la vida y de la muerte y siembra la muerte al tiempo que arrebata la vida, sin darse cuenta que cada una de las catástrofes que crea es, en realidad, un poco de resquebrajamiento de su alma herida, ya reseca y resentida por otras muertes. Los sentimientos de la pasión, la compasión o la lástima desaparecen, mientras el orgullo de macho dominante crece en las  mismas proporciones. Es cuando el hombre pierde el equilibrio y se siente orgulloso de la barbarie, se regodea en la muerte de los seres que ha querido y la sonrisa retorcida aparece en la cara en forma de máscara burlesca que muestra, cual careta carnavalesca,  lo que no es pero finge ser, para que los demás, nacidos de la misma especie, le consideren uno de los suyos. Siembra la muerte con la misma mano que un día sembró la simiente que llenó de vida la tierra donde habita. Mata sin escrúpulos, con la misma mano que el día anterior acarició al ser al que acaba de quitar la vida, en una manifestación de ternura infinita. Y no manifiesta remordimientos más allá de su propio yo personal y aún a veces, ni los siente en su propio interior. Tan encorchada tiene ya la conciencia.
Encontró al animal acurrucado, temblando aún por el dolor y el miedo, en el rincón más oscuro del comedero del horno. Cogió un cordel y se lo pasó por el cuello haciendo un nudo a escorraliza y dio un tirón con tal violencia que lanzó al perro al medio del habitáculo. El Lobato dio un aullido lastimero cuando la fuerza del hombre le apretó el cuello con tanta furia que a punto estuvo de partirle las vértebras del cuello, se revolvió sobre sí mismo tratando de escapar, pero la fuerza del brazo del hombre no se lo permitió, de manera que rodó sobre su propio cuerpo tres o cuatro veces y quedó boca arriba al lado de la puerta, mirando al amo con aquellos ojos inmensos, interrogadores, tratando de entender el por qué del maltrato y al no  conseguirlo, se sometió a la fuerza y ya no intentó hacer nada. El hombre volvió a tirar del cordel y el perro lo siguió mansamente por la calle del caño abajo. El agua del caño caía a borbotones, como siempre la había conocido, creando una sinfonía perfecta de cristalinos arpegios que atraía a los seres humanos a refrescarse, pero apenas si llamó su atención. Chapotearon las botas del hombre sobre los barros que se formaban alrededor del pilón donde se abrevaban los animales, y un chorrillo de agua y barro sucio salió disparado con la misma violencia que había en quien pisaba, despanzurrándose sobre la pared del abrevadero y resbalando pared abajo, creando en ella una mancha indefinida, de un color marronaceo, que destacaba sobre la mugre ya acumulada por otros chapoteos anteriores. Siguieron por la calle de la fuente, pasaron bajo la higuera del cura y caminaron por la calle empedrada que llevaba a las alamedas del regatillo que pasaba al lado de la fuente medieval, que seguía manado abundantemente desde, probablemente, la época de los romanos y que había sido testigo, a lo largo de tantos años, de la historia que llevaba aparejada. Al llegar al puente de piedra el amo buscó con la mirada un fresno viejo que subía pared arriba desde el regato sobre el arco central del puente, escogió una rama fuerte y pasó el cordel por encima de ella y, sin ningún miramiento, dio un tirón salvaje y el perro salió disparado hacia arriba, mientras el nudo se apretaba alrededor del cuello del animal, asfixiándolo y quebrando las vertebras del cuello; aullaba de dolor y movía las patas traseras en una especie de danza macabra, tratando de enganchar la cuerda que le estaba quitando la vida poco a poco.
 El amo ni se inmutó. Ató la cuerda con doble nudo a la rama y dejó al animal balanceándose como un pelele roto, en medio del arco del puente, emitiendo unos aullidos lastimeros, dio media vuelta y se volvió a casa. Era mediada la mañana y quedaba mucho por hacer.
Oyeron los ladridos a la hora del recreo y supieron que el padre había cumplido la promesa. Salieron disparados por la calle del tío Celedonio y con toda la velocidad que sus piernas le permitían enfilaron por la calle de las pozas hacia el puente. Los cantos rodados se le clavaban en la planta del pie y le quemaban la piel, pero apenas si lo notaban. Cuando llegaron el perro ya no aullaba y casi no se movía, pero los pequeños movimientos del pecho le hicieron comprender que no estaba muerto del todo.
-Gatea por el árbol  desde el regato y sujétalo “p’arriba” con todas tus fuerzas, gritaba Meli. Todavía está un poco vivo. A ver si yo desde aquí puedo desatar los nudos.
El niño trepó por el árbol como un gato lo más rápido posible, se puso a caballo sobre dos ramas que quedaban por debajo del perro, metió el hombro bajo sus partes traseras y se levantó empujando con todas sus fuerzas  al perrillo inerte hacia arriba, para que el cordel aflojara un poco, lo suficiente para que Meli pudiera deshacer el nudo de la rama superior y el perro cayera al regato como un fardo.
Llegaron al mismo tiempo y aflojaron el nudo del cuello para ver si el perrillo respiraba…
_ ¡Está un poco vivo, porque respira un poco!, gritaron entusiasmados.
Pero el perrillo no hizo ningún movimiento. Solamente un leve aleteo de la nariz y un ligero movimiento de vaivén de las costillas hacían presagiar que no había muerto del todo, pero tenía la cabeza caída de lado, con la lengua medio amoratada saliéndole de la boca y cuando trataron de ponerlo de pie el animal cayó al suelo como un pelele roto…
Los niños se miraron a los ojos y se les saltaron las lágrimas. El perrillo debía estar muerto. “ ¡Vamos a soplarle por la boca, dijo el niño. Yo he visto hacérselo a un cabrito que nació muerto y resucitó”. Y acto seguido metió los dedos entre los dientes del animal i bajando su boca a la altura de la del perro intentó soplarle dentro de la garganta. Y fue entonces cuando el perro hizo un leve movimiento y  un apagado sonido gutural salió de lo más profundo de su garganta, al tiempo que un espasmo hinchó los costillares y un estremecimiento recorrió el cuerpo del animal de la cabeza a las patas. Pero luego se quedó quieto de nuevo y pensaron que se había muerto.
-¿ Y si lo metemos en la fuente?, dijo sollozando Meli. A veces el agua revive a los animales…
-Por probarlo… dijo el niño con poco entusiasmo.
Lo cogieron por la cabeza y las patas y como pudieron lo llevaron hasta la fuente que dejaba escapar una regaterilla de agua fresca hacía el pilón que había por debajo y que en un tiempo había servido como lavadero público . Le pusieron la cabeza sobre la regatera y con las manos le echaban agua en la cara, para ver si reaccionaba, pero viendo que no respondía decidieron meterlo en la fuente que no era muy profunda. El perro se fue al hondón y los niños pensaron que allí acabaría ahogándose. Pero de repente, al contacto con el agua fría, el perro comenzó con una tiritona primero y con un movimiento desmadejado de las patas después y trató de sacar la cabeza por encima del agua, sin conseguirlo al primer intento.
Los niños comenzaron a dar saltos de alegría:”¡Está vivo… está vivo… lo hemos resucitao…, gritaban alborozados.
Lo agarraron por las orejas, para tenerle la cabeza por encima del agua y el perro abrió los ojos, trastabilló como un borracho y se agarró después con las patas delanteras a las piedras que cerraban la fuente, con los ojos saliéndosele de las órbitas, agarrándose con las garras de las patas delanteras a las piedras musgosas de la boca de la fuente, tratando de salir de allí lo antes posible. Los niños lo empujaron para arriba agarrándolo del rabo  y lo abrazaron con un inmenso cariño, al tiempo que le llenaban la cabeza de besos…
Cuando se repuso de la conmoción el animal estiró las patas, sacudió el cuerpo para librarse del agua que lo empapaba, poniendo a los dos niños perdidos, y comenzó a dar saltos y a hacer cabriolas, cayendo una y otra vez sobre la hierba húmeda ante el alborozo de los dos niños.
-¿Y ahora qué hacemos con él?, dijo Meli. ¿Dónde lo escondemos? Porque si lo encuentra tu padre y sabe que lo hemos “descolgao” nos mata a los dos.
- Lo metemos en la casa vieja de el tío Tordas, que está al final del pueblo, en la calleja de María la Sorda, lo dejamos atao y le llevamos comida sin que lo sepa nadie. Luego ya se nos ocurrirá algo.
Y arrancaron a todo correr, seguido por el Lobato, hacia el sitio, para volver a la plaza antes de que se acabara la hora del patio y los echaran de menos en la escuela.
Lo escondieron en el pajar abandonado del tío Tordas, que era un hombre mayor que vivía en una calleja de las afueras del pueblo, en una calleja donde solo vivía una mujer de nombre María que estaba sorda como una tapia. El tío Manuel Tordas, que era un viejecillo viudo, hacía ya un tiempo que se había marchado a una residencia de las Hermanitas de los Pobres, dejando abandonadas su casa y sus pajares y nadie, excepto los niños que se metían a jugar de vez en cuando, entraba por allí.Así es que pensaron que aunque el animal ladrara por las noches nadie lo podría oír, a no ser María y estando sorda no parecía muy posible que esto pasara. Así es que ataron al perro a la argolla de un pesebrón, le pusieron un buen mullique de paja seca y le llevaron dos latas de las de sardinas de un kilo, una para ponerle el agua y otra para la comida.
 Lo sacaban a pasear de vez en cuando y lo llevaban con ellos cuando iban a buscar hierba, hasta que un día Generoso, el pastor, los descubrió paseando el perro. 
-¿ Pero qué coño hacéis vosotros dos con este perro?¿De dónde lo habéis sacado?. ¿Este no es el perro que colgó tu padre en el regato hace un mes?
Los niños se quedaron mudos del susto. Miraban al suelo, al perro y a Generoso, sin decir palabra.
-Es…que…,- balbuceó Meli-, lo descolgamos del árbol y todavía no estaba muerto…Pero el padre de éste no lo sabe, porque si se lo decimos, lo vuelve a colgar…
- ¡ Jajajajajajajajajajajajaja…!, rió sonaramente Generoso. Cuando se entere os va a despellejar vivos. Anda buscando por todo el pueblo quien lo habrá descolgao para quedarse con la piel. Cuando se entere le da un pasmo. Hay que joderse con este par de mocosos! ¡¡¡¡Jajajajajajajajaja!!!!
La cara de Generoso estaba congestionada por la risa.Los carrillos se inflaban y se desinflaban con las risotadas, volviéndose de un color rojo , intenso, mientras que su vientre, voluminoso, se  movía desacompasadamente, subiendo y bajando escandalosamente, mientras se sujetaba los pantalones, atados con una lía, por encima de la cual se veían con profusión los calzoncillos de un color indefinido, para evitar quedarse en cueros.”¿Y ahora qué vais a hacer con el perro?¿Por qué no pensaréis tenerlo encerrado toda la vida en el pajar de Tordas?. Además, que un día u otro os descubrirán”, gritó de nuevo Generoso.
-No sabemos, pero ya pensaremos algo, dijo Meli.
- ¡Ya pensaremos algo…ya pensaremos algo!, repitió Generoso. ¡Vosotros qué coño vais a pensar! Os cogerán seguro.
Los niños se miraban angustiados. No sabiendo que decir trataron de seguir su camino, pero Generoso, el pastor, se interpuso entre ellos, al tiempo que decía:
- Tengo yo pensada una, que os puede sacar de este apuro, pero no sé si decírosla o no.
Los niños se pararon en seco y lo miraron con ojos suplicantes. Generoso siguió: “ De aquí a dos semanas yo me voy a subir a los pastos del monte y luego a la rastrojera con las ovejas y no vuelvo hasta después de verano. Y, casualmente , necesito un perro como este, porque la Mora se ha hecho ya grande y no aguanta las caminatas largas. Digo yo que si me dejáis el perro yo me lo llevaría y cuando vuelva, ya será más grande, habrá cambiado bastante y no creo yo que tu padre lo conozca. Y vosotros podréis ir a verlo y a sacarlo a pasear a mi casa, como si fuera mío, pero será vuestro y nadie se enterará…”
Los niños se miraron y por primera vez en muchos días en sus ojos brillaba una chispita de esperanza. No se atrevían a decir nada, pero entendían que tal como lo proponía Generoso no estaba mal el trato.
- ¿Pero nos lo dejarás ver y sacar de paseo cuando vuelvas?
- Siempre que queráis, que para eso sois los amos.
- ¿Y no se lo dirás a nadie?
- A nadie, la gente no tiene por qué saberlo. Claro que si no estáis de acuerdo, tampoco pasa na, yo me busco otro perro y Santas Pascuas…Vosotros os lo pensáis y si hace el trato, mañana me lo decís, que yo me encargo de los trámites. Pero tiene que ser mañana, si no, no hay trato.
- Mañana te decimos algo, dijo el niño.
-Pues hasta mañana, pues. Estaré aquí a esta misma hora.
Y Generoso, que era un buen hombre, amante de los animales y enemigo de los maltratadores, se llevó el perro al monte y a la rastrojera y con él estuvo muchos años. Los niños fueron felices y el padre todo se volvía decir : ¡Mira que se parece el perro del Generoso al Lobato. Seguro que “el Posible” le debió endosar uno de la misma camada, porque se parecen como dos gotas de agua!
El niño se reía por lo bajo y la madre lo miraba con aquella sabia complicidad que solo las madres saben tener y guardaba silencio. Pero un día cuando estaban solos le espetó de repente:”¿Cómo conseguisteis descolgar al Lobato y esconderlo?”
Y cuando el niño le contó las peripecias se puso a reír descontroladamente al tiempo que entre hipidos, entrecortadamente le decía:”Menos mal que tu padre no es muy listo, que si lo fuera te habría escarmentado. Pero mejor vamos a dejar las cosas como están. Eso sí, te toca fregar los platos una semana”.
El niño movió la cabeza con resignación, miró a la madre con cariño y se rió a carcajadas cuando esta le guiño un ojo.

Unos años más tarde los dos niños desaparecieron del pueblo. Meli se marchó a Valencia, porque al padre lo colocaron “muy bien colocao”, de encargado de una finca, los del gobierno y el niño se marchó a estudiar a la capital.
Se volvieron a encontrar un verano al cabo de quince años, cuando la familia del Posible decidió pasar unos días en la casa de los abuelos, que estaba deshabitada.
Se reconocieron inmediatamente y se dieron un fuerte abrazo.
- ¡Madre, mía, que guapísima estás! Eres una mujer preciosa.
- ¡ Pues tú no estás nada mal… amigo! Igual deberíamos ir a buscar un saco de yerba una tarde de estas…
-Lo que es por mi… ya te digo. Hasta sin saco, si quieres. ¿Y que es de tu vida?
- Es muy largo de contar, pero una de estas tardes daremos un paseo y nos lo contamos todo.
Meli estaba sentada en la pared de la cortina del tío Celedonio. Llevaba pantalones vaqueros ajustados y una camisa de Lacoste rosa. Tenía las piernas colgando hacia el camino y las movía hacia adelante y hacia atrás, como entonces. La miro con los ojos semi cerrados porque el sol le daba de frente y le molestaba.
- ¿Te has olvidado el saco?, le dijo. Sin saco no hay hierba.
- Ya no hay conejos que alimentar, no nos hace falta saco, simple.
Luego le obsequió con una hermosa sonrisa, como aquellas que recordaba.
- No has cambiado nada, amiga. Te ríes igual de bonito que entonces…
_ Tu tampoco. Me miras igual de atontado que entonces…
Bajó de un salto y enfilaron por el camino de la Fuente abajo. El empedrado del camino era el mismo y se les clavaba, como entonces, en los pies. Estaba caliente del sol de todo el día y molestaba un poco.
Cuando llegaron al puente, la frescura de la alameda les llamó a sentarse sobre el pretil. El regatillo aún llevaba un canalillo de agua que resbalaba sobre los cantos rodados, creando musicalidades de cristal que alegraban los oídos de los jóvenes Los jilgueros y los verderones cantaban desaforadamente, creando un clima bucólico extraordinario. Sin querer se tocaron sus manos y ninguno de los dos las aparto. Se quedaron allí, disfrutando un momento del silencio, oyendo el cántico de los jilgueros y los verderones, hasta que sus miradas se encontraron. Eran unas miradas claras, limpias, de amigos de mucho tiempo, sin otras connotaciones.
- ¿Te acuerdas de la última vez que estuvimos aquí?,- preguntó él.
- Como para olvidarse,- respondió Meli. Tu trepabas como un gato por ese fresno  y yo estaba tan nerviosa que me oriné las bragas.
- Yo me hice un “sonrastrón” en el hombro que me duró al menos un mes, pero no se lo dije a nadie en mi casa. Mi padre se pasó una temporada intentando saber quien había descolgado al Lobato. Decía que algún cabrón debía haberlo desollado y curtido la piel para hacerse una alfombra. Fue, incluso, a preguntarle al curtidor, pero nunca supo lo que en realidad había pasado.La madre si lo supo y me castigó a fregar los platos una semana, pero nunca se lo dijo al padre.Cuando Generoso volvió al pueblo, a principios del invierno y vio al Lobato yo creo que lo reconoció, pero no se atrevió a preguntarle nada. Se pasaba el día diciendo que el perro del pastor era como el Lobato, que seguro que tu padre le había “colocao” otro cachorro al pastor, pero como ya os habíais ido a Valencia…
Meli lo miró con aquellos ojos suplicantes de siempre y él sostuvo la mirada. Siempre lo hacía cuando quería preguntarle algo, pero no estaba segura si debía hacerlo. Él le guiño el ojo y ella sonrió con complicidad.
-¿Te has acordado de mí alguna vez en todo este tiempo?
-Muchas veces. Al principio estaba como atontado. No tenía ganas de coger yerba y mi padre me abroncaba cada día. Pero como era el otoño y ya comenzaba a hacer frío, la madre me echó un capote y convenció al padre de que había menos hierba cada día.
Luego, en septiembre, me fui a estudiar a Salamanca y la nueva situación me cambió la vida y me ayudó a seguir adelante. Pero cuando venía al pueblo, siempre te echaba de menos. Todavía  sigo echándote de menos.
Le apretó un poco la mano agradeciéndole las palabras y le provocó un ligero estremecimiento, que ella notó enseguida.
-A mi me pasó lo mismo. Me costó mucho olvidar nuestros juegos, nuestros encuentros, nuestras aventuras… Pero luego también comencé los estudios, conocí gente nueva, amigos nuevos y poco a poco te fuiste quedando en mi recuerdo. Sin embargo, cada vez que me acordaba de ti sentía una especie de nostalgia triste. Aun sigo sintiéndola.
- ¿Puedo hacerte una pregunta personal?
-¿Ahora me preguntas eso?¿Desde cuándo tienes que pedirme permiso para preguntarme algo? Ya sabes que puedes, pare eso somos amigos, creo.
-¿Tienes a alguien en tu vida?...
Lo miró directamente a los ojos. Algunos rayos de sol que se filtraban por entre el ramaje hacían que se le cerraran un poco, pero a pesar de todo tenían la claridad de siempre y reían como siempre, mientras que el mohín de burla que él conocía tan bien desde que eran niños, apareció en sus labios, haciendo que el hoyuelo de las mejillas se acentuará más, dando a su cara una una suavidad serena que le había encantado desde siempre.” ¡Qué guapa es!”, pensó. Ella mantuvo la expresión más tiempo de lo normal, sin dejar de mirarlo, sonriendo coquetamente.
- A veces hay preguntas que un amigo no debería hacer y que una amiga no debería responder. ¿Qué te pasa, hombre?
_Tienes razón, hay preguntas que es mejor no hacerlas. Dejemos las cosas como están.
Meli se levanto con media sonrisa en la boca, tenían muchas cosas que contarse, y lo haría despacio y procurando que el momento que estaban viviendo no nublara la realidad de las cosas. Lo miro fijamente con una chispa de picardía, haciendo la pregunta que tantas veces se habían hecho en ese lugar.  -¿Para donde tiramos? –El entendió, dejaría que las cosas simplemente surgieran. _Vamos hacia las huertas, a ver quien corta ahora la hierba de las lindes…
Caminaron uno al lado del otro mientras la  chica pensaba que el momento que estaban viviendo era mágico. Estaban recopilando recuerdos que casi pertenecían a otra vida pero eran como tesoros anudados por un lazo que los mantendría unidos siempre. La inocencia de la niñez era el valor más sano para sentir complicidad cada vez que se vieran. Pero habían pasado muchos años y a su lado caminaba un joven que ahora apenas conocía. Durante los últimos años por su vida habían pasado ilusiones que se habían quedado por el camino. Y este momento podía confundir sentimientos… Al chico lo notaba como atontado. Y ella… ¿Se podría desandar el camino?...
Meli rompió sus propios pensamientos para, contarle a grandes rasgos como habían transcurrido estos quince años. Los primeros años la añoranza hacia que volvieran a su memoria los recuerdos de su pueblo pero, poco a poco, las obligaciones el colegio, nuevos compañeros y amigos, le hicieron sin apenas darse cuenta,  tomar conciencia de una vida nueva y para eso se preparo en lo que le gustaba. Había estudiado enfermería y ya trabajaba en el Hospital de la Fe de Valencia. El rumbo de su vida ya estaba encauzado.
El chico la miraba con más admiración si cabía y asintiendo sobre lo que le había contado. Se disponía a contarle sus experiencias cuando sintieron el ruido de pequeños cencerros. Giraron la vista, a uno de los lados del camino en una de bifurcación, una piara de ovejas se acercaba. Se miraron incrédulos. -¡No puede ser! -Dijo el chico. – ¡Generoso con el Lobato…!
Generoso se acercaba a donde estaban los chicos, con la misma parsimonia que lo hacían las ovejas. Ya cerca de ellos, enseguida los conoció, ya había oído decir  que estaban pasando unos días en el pueblo. Llego a ellos con una amplia sonrisa girando la vista hacia el perro que llevaba al lado. “Sin duda pensarían que era el Lobato”. Y ese fue su primer saludo; -¡No, no es el lobato!… Esta es Zara, nieta de vuestro perro, la jodía tiene la misma pinta. ¡Cuando queráis uno no tenéis na más que decirlo! –los jóvenes se miraron y soltaron una carcajada.
 Mira, Generoso, ahora sí que no podríamos tener un perro.- dijo Meli riendo.
 - ¿Y qué es,  que en la capital no se puen tener perros?...
- La capital impone mucho respeto a los perros. Aquí están bien. Allí no hay ovejas que guardar ni conejos que comer.
Se rieron a un tiempo. Luego el pastor cerró un poco los ojos, como si le molestaran los rayos del sol y con aquella medio risa socarrona suya prosiguió: “-Ahora que os libré de una buena. Si se llega a enterar tu padre te despelleja vivo”.
-Para eso está la buena gente como tú, para hacer favores a los amigos.
-Entodavía  me lo debes, asín es que cualquier día me lo paso a cobrar…
- Cuando tú quieras, amigo. Lo que se debe hay que pagarlo…
- Pues ya ajustaremos cuentas… ¿Y pa donde vais los dos juntos?¿No andaréis siendo una mieja novios, vosotros dos?
Los chicos se rieron al mismo tiempo,mientras Generoso los miraba desconfiado.
-No hombre no, yo ya tengo  uno en Valencia,- dijo Meli.
-Y yo me voy a la mili cualquier día de estos.
… Se despidieron de Generoso después de haber intercambiado las frases de rigor por el  tiempo que hacía que no se veían, aprovecharon para darle las gracias por haberse hecho cargo del Lobato, le comentaron el acierto de habérselo dejado y manifestaron la alegría que sentían, por haber conseguido del perro, hacer la familia de chuchos que había hecho.
Sonrientes y satisfechos por el encuentro con el hombre, continuaron hacia las huertas y fue el chico el que reanudo la conversación. Él también había seguido el camino del estudio, era licenciado en Lengua y Literatura y también estaba en primero de Psicopedagogía. Tenía pendiente el Servicio Militar y eso sin duda seria un parón en sus proyectos.
Caminaban despacio, como haciendo  más largo el paseo; los dos querían ganar tiempo para contarse muchas cosas. Pero estaban llegando a la huerta de Benino el “Peralo”  qué, desde hacía rato estaba apoyado en la azada que le servía para desviar el agua de los cantones que estaba regando. Achicaba los ojos haciendo esfuerzos por reconocer a esa pareja que venía paseando por el camino. Los chicos habían lo habían visto desde hacía rato; conocían muy bien la huerta y su inconfundible figura y se dirigieron hacia él. Benino no reaccionaba. La cara de desconcierto divirtió a la pareja y fue Meli quien saludó primero, dándole alguna pista.
-Buenas Benino… ¿Se puede segar la linde?
Todavía necesitó unos segundos para caer en la cuenta.
-¡Ah, me cagüen  diez, vosotros sois el par de mocosos que veníais a segar yerba, coño, si que habéis cambiao...!
Los miraba de arriba abajo, cavilando y seguro que sacando conclusiones.
- Han pasado muchos años, en cambio, ¡tú estás igual! –dijo el chico.
- Bueno, a mi me han caído los mismos años que a vosotros, y seguro que me han hecho  más daño. En cambio vosotros… ¡sois una pareja mu bien plantá…!
Los jóvenes se miraron divertidos y desviaron la conversación hacia cosas menos comprometidas; conocían las salidas del “Peralo” y no iban a darle cancha. Pusieron en práctica el arte de llevar la conversación por donde ellos querían y se dieron cuenta de que Benino los seguía inquieto. En esta ocasión eran ellos quienes se estaban divirtiendo y desconcertando al hombre.
Después de un rato de charla los jóvenes se despidieron y cuando ya estaban de espaldas al Peralo, éste les pregunto, lo que hacía un rato le daba vueltas por la cabeza: -¿Pero vosotros sois novios o qué?
Los dos rieron a un tiempo…



26 de agosto de 2013

Recordando el pasado...

Era vivaracha extrovertida, siempre con una sonrisa en los labios y una carcajada cantarina que contagiaba. Trabajadora, resuelta y habilidosa en lo que se proponía. Le tocó como a muchas de su generación ayudar a los padres en las faenas del campo, sabiendo muy bien lo duro que era y como a tantas,  sabiendo también que ahí no quedaría nada para ella.
Se preparó en una de sus mejores habilidades, y la salida más inmediata para las mujeres de entonces, modista. Y lo hizo también, que dio el campanazo haciéndose el vestido de novia más bonito que he visto jamás. Tenía cuerpo y figura para lucir un vestido elegante, que no se si todo el que lo vio supo admirarlo justamente. Elegante abrigo blanco para la ocasión, encima del vestido de novia, resultó ser la novia más bonita y podía haber competido con los mejores modistos y modelos del momento.
En el después de la boda, dieron la medida de la paciencia y carácter afable que la pareja tenía, para aguantar la bromas que en aquellos tiempos se estilaba hacer a unos recién casados.
Con su boda supimos que se nos iba una aliada, a pesar de la diferencia de edad, de juegos y risas. Estos momentos eran siempre con la excusa de ayudar en alguna faena de las que tenía asignadas en su casa. Éramos como las zagalas que la acompañábamos a la huerta para arrear al perezoso burro, cuando sacaba agua de la noria. Y ella tenía el poder de estimular nuestra inocencia de niñas, asegurándonos momentos de travesuras y las consabidas risas. Todavía recuerdo su figura, con la azada en la mano en medio de las hojas verdes de la remolacha, mirando hacía nosotras con una sonrisa enorme. La merienda de media mañana, al lado de la noria y el sonido del regatillo del agua dirigida al riego. Allí aprovechábamos el momento para seguir las bromas y chistes, mientras nos comíamos el chorizo que la Señora María había puesto en la cesta y que a nosotras nos encantaba.
Era la mejor vendedora ambulante por el pueblo, de pimientos, tomates, y las verduras que se acostumbraba a sembrar en las huertas de su padre, y seguro que la más piropeada qué, ella contestaba con su risa contagiosa.
No nos importaban los madrugones que a veces se minimizaban durmiendo la noche anterior en su casa, compartiendo cama, a pies y cabecera, como mandaba la costumbre, cuando el espacio en la casa era escaso. Esto era casi siempre cuando llegaba la época de la vendimia. Anhelábamos que llegara ese momento porque nos permitía tenerla a nuestro lado casi todo el tiempo y con ella, el tiempo no contaba, teníamos asegurados muy buenos momentos.
Nos dirigíamos a la viña del Señor Elías, apretujadas en el carro entre los cestos altos qué, de regreso habrían de venir llenos de uvas. Cuando llegábamos a la viña protagonizábamos uno de los hechos más comentados durante años, no solo en su familia también en la nuestra. Eran las ideas de Francis… La viña estaba en un teso con altura considerable, o a mí me lo parecía. Justo en el momento de haber descargado los cestos, Francis nos animaba a meternos en uno de ellos, que ya se había encargado de tumbar. Nosotras como siempre hemos sido menuditas y atrevidas, no nos lo pensábamos. Lo siguiente era empujar los cestos y hacerlos rodar ladera abajo, con los consiguientes trompicones de todas las piedras que encontraba el cesto y nuestro cuerpo durante el rodaje. Para habernos “matao”. Pero no, cuando subíamos la cuesta con el cesto en la mano y dispuestas a repetir, todavía duraban las carcajadas de Francis y la cara de media sonrisa y estupor del Señor Elías qué, al día siguiente viendo que no pasaba nada, participaba de la fiesta. Después de esto y sabiendo la merienda que nos esperaba, el vendimiar era una fiesta.
La vida y la emigración nos llevaron por diferentes caminos. Después de su boda tan solo una vez la volví a ver. Pero su familia es la nuestra. Las anécdotas vividas con ellas son recuerdos que permanecen en nuestra memoria tan claros como el agua. Seguro que a ella también le dejamos travesuras y anécdotas para contar a los suyos.

Pero Francis forma parte de ese puñado de seres queridos que nos dejaron demasiado pronto y nos queda el consuelo de haber vivido momentos que atesoramos en nuestro recuerdo, para así conseguir que permanezcan a nuestro lado, recorriendo el camino qué, seguro algún día nos llevara a su lado y entonces, seguiremos riendo…
María Calzada

21 de agosto de 2013

Las minas de sal de Cracovia.


Las minas de sal son una de las visitas imprescindibles en Cracovia, están a solo 14 km de de la ciudad, en la localidad de Wielicka. Dicen que son las minas más famosas del mundo y en estos momentos ya están declaradas monumento de la humanidad. 
Parece ser qué el recorrido se empieza por la parte más antigua. El aspecto es este, nada que ver con el resto del recorrido.
Se remontan a la edad media, las primeras referencias que se tienen de ellas son sobre el año 1044. En siglos pasados fueron una de las principales fuentes de ingresos para el reinado de Polonia.
Estando en Cracovia es una visita obligada y todo un espectáculo por la enormidad que tienen y lo que han sido capaces de desarrollar dentro de ellas. Tienen unos 320 metros de profundidad y alrededor de 300km. de túneles. Para las personas con claustrofobia, estas profundidades pueden parecer un disparate y algo imposible de aguantar pero, salvo que se tenga muy acentuado el síndrome, la verdad es que cuando paseas por allí dentro no tienes la sensación de estar bajo tierra. Los espacios son muy grandes y puedo asegurar que en el caso de que pase algo en menos de dos minutos te han sacado fuera. Hay que pensar en disfrutar lo que se está viendo.
El recorrido turístico es de tres kilómetros  y se baja a niveles de entre sesenta y ciento sesenta metros. Hoy la bajada a los sesenta metros primeros se hace en ascensores, también la subida al final del recorrido.
Se supone que se hace el recorrido empezando por la parte más antigua de la mina, con lo cual las primeras galerías son más estrechas, forradas de maderas y vigas de troncos de árboles. Como los medios técnicos para trabajar eran rudimentarios, las galerías forradas de madera se pintaban de blanco para ver mejor.
Los que no tienen reparos, chupan la primera pared de sal que empezamos a ver.
A medida que te adentras en el recorrido las galerías son más amplias incluso  las paredes no están forradas de madera. El aspecto a la vista es de unas paredes parecidas al mármol de color gris oscuro, cuando lo tocas te das cuenta que no. Una de las curiosidades, supongo que lo dicen cuando vas en grupo, es qué, al entrar en la primera galería sin forrar de madera es costumbre chupar con la lengua la pared, así das fe que es verdaderamente de sal.
Durante el recorrido te muestras las formas y métodos de trabajo para la extracción de la sal además de las penurias que pasaban habituales en todas las minas, problemas con los gases, y enfermedades con la vista. Por otro lado, hoy dicen que respirar  ese ambiente es bueno para la salud, sobre todo para los asmáticos, de hecho ahí abajo se encuentra en funcionamiento un hospital y no hay más tratamiento que respirar  el ambiente por lo visto salado pero, que es imperceptible. .
Las partes más lisas son cristales transparentes que en la foto no se puede apreciar. Si colocan una linterna se puede ver la profundidad de la transparencia.
Visto desde abajo. las alturas de las salas son grandísimas.
La puerta de uno de los despachos. Lógicamente la puerta es de época más moderna.
Una de las capillas que se pueden encontrar a lo largo del recorrido.
Ya más dentro, no solo ves simples galerías o pasadizos,  allí en la época en que se trabajaba en los espacios que nos enseñaron, se escavaron habitaciones, despachos, capillas y se pueden ven amplias salas escavadas durante la extracción de la sal y que hoy están decoradas con estatuas religiosas y honorificas a momentos y aspectos del trabajo en las minas, esculpidas en sal. 
Algunas de las estatuas de sal.
El aspecto es como si fueran de piedra, no se permite tocarlas con la mano para que no se gasten, sin embargo las paredes si se puede. Es importante saber, que todas las esculturas están hechas por mineros, es algo que te sorprende porque tienes que fijarte mucho para darte cuenta que en algunas de las esculturas, carecen de proporciones  y perspectiva, pero es de un merito increíble. También el suelo por donde se pisa, está esculpido en la sal.
Alguno de los suelos de sal.
Cuando ya llevas recorriendo un buen rato galerías y salas que, sin darte cuenta vas bajando metros, pero que hay que decir qué, muy bien preparado, de pronto desembocas en la catedral… 
La catedral.
Uno de los cuadros escuñpidos en la catedral.
Una de las lamparas de sal.
En ese momento el ¡¡ohhh!! De los visitantes es inevitable, porque… Sí, ahí abajo hay una catedral enorme,  (ninguna fotografía le hace justicia) toda ella, cada detalle, esculpida en sal. Tiene altar mayor y menores, cuadros de representación religiosa y no podía faltar el Papa Juan Pablo II. Hasta las lámparas que parecen de cristal, son cristales de sal.
A ver quien acierta el defecto de esta escultura....

Es dificilísimo hacerse una idea de la enormidad de las minas. Si a medida que te van enseñando espacios te das cuenta que ahí abajo además del hospital, también hay un hotel con sus cocinas en funcionamiento. La celebración de bodas y eventos con gran cantidad de gente es habitual.
Las filtraciones de agua dulce en algunas zonas son habituales creando en algunos puntos estalactitas y estalagmitas y protuberancias que suelen llamar coliflores por el parecido con esta verdura. El agua dulce hay que extraerla de forma obligada pues lo que mas daño le hace a la sal. 
Recorrido del agua dulce.
Antiguamente la forma de sacarla era muy rudimentaria, muchos de los tramos se hacía con toneles a hombros de los mineros. Hoy la Tecnología les permite canalizarla y extraerla sin ningún problema.

Una de las pocas estalagmitas que se encuentran.
las coliflores que se forman por las filtraciones de agua dulce.
El recorrido de cerca de dos horas, es todo un espectáculo y apenas te das cuenta de que ha pasado el tiempo y tardas en asimilar todos los valores, además de lo monumental que encierran las minas de sal.
La temperatura ahí abajo es de 15 o 16 grados pero, antes de bajar pasamos tanto calor que qué agradecimos el fresco que se respiraba.

Reitero, semejante espectáculo estando en Cracovia  no se puede perder.
María Calzada

16 de agosto de 2013

YA NO SON LOS MISMOS VERANOS...

No, Ya no son los mismos veranos. Pasaron los duros veranos de Topas cuando el recoger la siega era de sol a sol y  el resultado del trabajo era un mísero jornal. Tiempos duros que  la emigración cambió por trabajos más llevaderos y  que lograron   el bienestar soñado.
Los casi cuarenta años fuera del pueblo le sirvieron no solo para trabajar, que le ha tocado lo suyo, también para cambiar la forma de vivir y cultivar la mente bebiéndose los libros y  manteniendo a lo largo de su vida el buen habito de leer todos los días. Ha mantenido hasta hoy una memoria prodigiosa, de manera qué, en las conversaciones familiares, cuando ha sido necesario dar una fecha o dato histórico él era nuestra enciclopedia inmediata. Ya se queja de que la memoria le falla, es el resultado de que la edad no perdona.
Simón, es de esos hombres que no perdieron las raíces y después de unos años jubilado, volvió de donde había salido, para disfrutar de ese estado de no hacer nada, eso sí, sigue leyendo,  es la máxima distracción junto con la de caminar, ver los toros o el futbol  en el bar,  hablar con sus paisanos, contándose chistes y charangas,  donde la verdad y la mentira no se reconocen pero ayudan a pasar el tiempo.
Ya pertenece a ese grupo de mayores con memoria histórica sobre el pueblo y sus moradores. Para quienes salimos siendo niños y la memoria de nuestras raíces, es un simple reflejo, él durante estos años se ha encargado de ponernos al día. Sin él, el conocimiento sobre nuestro pueblo sería  nulo.
Todos los veranos ha regresado a Mallorca para pasar como mínimo dos meses, disfrutando de la playa junto a los nietos. La playa ha sido y sigue siendo su gran pasión, es de los que no perdona ni un día, ya pueden caer chuzos de punta, siempre confía que escampe para la hora de ir y como aquí el tiempo acompaña, termina teniendo razón. A esa hora, nunca hace mal tiempo. Otra cosa es por la noche, ahí, cualquier brisa más fresca de lo normal hace qué, cambie las sandalias por, calcetines y calzado cerrado. A menudo bromeamos, que esto le pasa porque le queda en la memoria, el jodido frío de los inviernos de Topas.

Este año las piernas les están jugando malas pasadas, perdiendo la agilidad, no sólo de caminar como le gustaba, también los baños en el mar, que eran metódicamente,  de nadar media hora o una hora, secarse quince o veinte minutos, para volver a meterse en el agua, a reducir estos tiempos a lo mínimo. Pero es hombre de fácil socialización, y veranear años en el mismo sitio le ha aportado conocimiento y amistades nuevas. No tiene problemas. Igual habla con el socorrista, con el vecino playero, con el que vende la fruta, con el alemán perdido… Últimamente el “barquero”, así llamamos al que alquila los velomares, ha sido su compañero playero, porque el resto de los que vamos a la playa con él, una vez que llegamos allí, ya no existimos. Como el tiempo de los baños se ha reducido, emplea su tiempo en socializarse con el barquero jugando a las cartas, y contándose cuatro mentiras debajo de una sombrilla. Sombrilla que por cierto a él, nunca le da la sombra, pero es igual, el sol lo aguanta bien. Así llega al pueblo, negro como un indio arapahoe.

Hoy hemos bajado a darnos un baño y teníamos curiosidad de ver, qué haría el "barquero". Que sepas que estaba triste, no tenía compañero de juego.
María Calzada

10 de agosto de 2013

Cracovia Ciudad

Cracovia fue durante  más de 600 años la capital de Polonia. En el siglo XIV la ciudad se reveló contra las autoridades reales.  Años  después pasaron la corte y la capital a Varsovia. En el fondo los habitantes de Cracovia se siguen sintiendo  dueños de la capitalidad y no esconden los piques  existentes entre las dos ciudades.

La influencia del pasado y las  invasiones está reflejada en la fisonomía de la ciudad. El trazado medieval de sus calles dan buena cuenta de ello y el resultado es una ciudad monumental con estilos desde el románico temprano a la arquitectura moderna.
Lo cierto es que Cracovia aunque es una ciudad pequeña cercana a los ochocientos mil habitantes, más, doscientos mil estudiantes, que cada año cursan estudios en las universidades y centros de estudios superiores pues,  no en vano es la ciudad cultural  de la ciencia y  juventud y ostenta el título de capital Europea. Las 17 universidades que alberga la ciudad dan una idea de la cultura existente que, por otro lado se nota en sus gentes, por poco que te fijes. Una de sus universidades, Jaguellónica es  la más antigua de Europa creada en 1364 por Casimiro III. En una de las salas de esta universidad  los nazis obligaron a reunirse a profesores y personajes importantes de la cultura. Nunca más se supo de ellos, fueron fusilados.
Por sus aulas han pasado, entre otros, personajes importantes, como el astronomo, Nicolas Cópernico, y juan Pablo II, hoy es una adoración que sienten por este Papa, no hay rincón que por una circunstancia u otra no lo mencionen.
Se la considera una de las ciudades más bellas de Europa y la más visitada de Polonia. Ciento cincuenta iglesias llenan sus calles, con mezcla de estilos, no solo por lo que tardaron en hacerlas, también por las continuas reconstrucciones que han sufrido debido a las invasiones y guerras a lo largo de los siglos. En alguna calle, llega a haber hasta ocho iglesias, además  de fachadas que dan fe de épocas y estilos diferentes. Durante la segunda guerra mundial tuvo la suerte de no recibir ataques masivos y esto permitió conservar intactos todos los monumentos que hasta entonces se habían reconstruido.
Me llamó la atención la armonia de las fachadas con los geranios repletos de flores. Rara era la fachada que no presentaba este aspecto. 
Pasear por el centro de Cracovia es una gozada, a pesar de que era tiempo de vacaciones estudiantiles, que es un plus añadido para fomentar el ambiente, se la veía  llena de vida. Cada edificio es digno de admiración. En esta época del año es para ellos como una floreciente primavera y sorprende ver en cada ventana o jardinera de las terrazas de restaurantes y bares los geranios repletos de flores. Sin duda la mejor época para visitarla es ya metidos en el verano que, el calor debería ser suave, aunque nosotros  hemos sufrido la ola de calor y no todos los establecimientos están preparados para mitigar el exceso de temperaturas.
La Plaza del Mercado es el centro neurálgico de la ciudad, ya solo en su fisonomía es espectacular pero, animada por los  cracovianos, mayores y niños, que salen a la calles aprovechando los pocos meses de buen tiempo, además de músicos ambulantes, más en esta época, grupos de visitantes, le dan una alegría y colorido que no dan ganas de marcharte de allí.
Plaza del Mercado vista desde la torre de la iglesia de Santa María. En los bajos del edificio del centro se encuentra el mercado de tiendas de souvenirs. 
Los edificios de la plaza al igual que el resto de la ciudad  no se ve un estilo uniforme de edificación, por el contrario cada uno de ellos,  marca su época y estilo. 
 La Basílica de Santa María , flanqueado una de las esquinas de la plaza, cargada de historias y leyendas.
 Por la noche tiene un ambiente de fiesta increible.
Si además de pasear por la plaza se tiene la oportunidad de comer en el restaurante más antiguo, sabiendo la historia que tiene detrás, te das cuenta que estás sentada en un lugar privilegiado.  Data de 1364, cuando Mikolaj Wierzynek preparó el banquete de bodas para la nieta del Rey Casimiro el Grande. La realeza fueron comensales habituales en los salones que hoy se pueden ver decorados con antiguos muebles, candelabros cuadros y relojes de pared. La fachada es digna de  admirar.
…Otro día más.

15 de julio de 2013

MALLORCA SIEMPRE VALE LA PENA.

En los años 60 ó 70 en estas islas, (Las Baleares) el turismo hacia acto de presencia sin que,  sus moradores apenas nos diéramos cuenta de  una nueva forma de vivir. Los más avispados comenzaron a recibir a los turistas sin estar  demasiado preparados. La infraestructura aguanto el envite y como la fuerza ahorca, aprendieron a marchas forzadas a ser unos expertos en la materia. Hoy son los mejores. Eso sí, a todos, políticos y empresarios, los ojos le hicieron chiribitas, y a punto estuvieron de matar a la gallina de los huevos de oro. Hubo puntos en que,  arrasaron su medio natural, de manera que, si miramos fotos de años anteriores, son  apenas irreconocibles.  Ahora  nos damos cuenta  de los desmanes que se cometieron y tratan en la medida de lo posible recomponer  los espacios. En esto va lo aprendido. Ahora se evita la masificación y atrás quedan los hoteles mastodónticos  donde cabía tanta gente que, cuando los turistas empezaban a salir de él parecían un pueblo en manada.
Los nuevos empresarios tienen otra visión de lo que debe ser el turismo, aunque  siempre quedaran camicaces que nos les importe arrasar con tal de aumentar sus arcas y, políticos que les ayuden.  
Pasados los años y una vez copado el litoral,  los isleños del interior han sucumbido a las ofertas de empresarios hoteleros o incluso ellos mismos, familias con sentido empresarial,  han pasado de ser payeses, para conformar esos espacios, en hoteles rurales con mucho encanto.
Calle Sindicato
Las ciudades, Palma una de ellas, en verano, a diario adquiría aires de fiesta. La Calle Sindicato, una calle peatonal y comercial por excelencia, era un hervidero de gente que iba y venía. Los comerciantes pasaron de tener la clientela fija del los lugareños, a los de  paso (como solíamos llamarlos) “guiris” en un principio, mayoría ingleses, para poco a poco el aumento de turistas, daba paso a todo tipo de pelajes. Durante años. trabajé en esta calle que, fue adquiriendo aires cosmopolitas y los comercios fueron fajándose a las necesidades de la nueva clientela. Comercios de los llamados de “toda la vida”, reformaron su fisonomía antigua, para darle ese toque de modernidad que parecía demandaba la nueva clientela. Pasamos de vender tornillos a granel a hacerlo en bolsitas que parecía le habían sacado brillo, a vender figuritas de Lladró, pasando por un sinfín de cosas más para el menaje de la casa en general, aquella gran tienda pasó, a no reconocerla ni la “madre que la pario”.  Otros potenciaron ese sabor antiguo para sacarle más rendimiento, aunque fueron los menos.
Calle Sindicato
Todos aprendimos mucho en ese ambiente, que hoy por diferentes razones y sobre todo por las diferentes crisis, se va perdiendo.  Los antiguos comerciantes no aguantan esta nueva forma de hacer y a los que, estos cambios les ha coincidido con la jubilación, han dado por terminada su labor comercial. Los hijos, seguramente se han preparado para otros menesteres y el sacrificio y vocación comercial de sus padres no entra en sus planes. Nuevos camicaces comerciantes, entran en escena, y con la política de, “yo más barato que tú” las calles comerciales se han convertido en un batiburrillo difícil de definir. Se abren y cierran comercios, con la misma alegría, no duran más de tres meses. Y así la fiesta se ha terminado. La fisonomía de las calles ha cambiado, para dar paso, en ocasiones, a una penuria estética penosa. Menos mal que mientras todo esto se cocía, se aprendió a reformar la parte vieja de Palma, la única digna de perder unas horas para patearla a gusto e impregnarse de ese sabor de otros tiempos que, han procurado mantener.

También hay que resaltar que en este país nuestro por muy mal que ande, los lugares de diversión son los últimos en bajar a la crisis, de manera que bares, restaurantes y demás, mal que bien, siguen ofreciendo momentos de ocio y ahí que vamos aunque falte para pagar la luz. Así, con el agua al cuello mantenemos a flote a un país a punto de ahogarse. Mientras, supongo, cabezas bien pensantes, trabajaran con nuevas ideas para reflotarlo del todo.
De todas formas, no se lo pierdan, Mallorca siempre, siempre, vale la pena.
                                                                                                                            MARÍA CALZADA.